
Hoy me siento marxiano, o marxista de los de verdad, no de esos sindicalistas liberados por la patronal que queman cuatro ruedas a la puerta de un polígono industrial el día de la huelga y luego van a almorzar al bar que quede abierto. Niego la mayor. ¡Qué coño! Más que por el derecho a trabajar, habría que luchar por el derecho universal a sopa boba sin hacerlo. ¿Al fin y al cabo no era eso lo que teníamos en el paraíso hasta que se nos ocurrió comer una fruta (Genesis 3,19)? Yo no como fruta así que no me merezco el castigo cruel e inhumano de ganar el pan con el sudor de mi frente. Me enroco; quiero sopa boba y prohibir la fruta en general. El paraíso patria de la humanidad que promete la Internacional no puede ser otro que el mismo que narra el Génesis, el de no estar obligado a sudar para ganar el pan. ¡La tecnología debe de permitirlo algún día! (Lo de no trabajar y lo de no comer fruta).
El capitalismo produce constantemente necesidades que no puede satisfacer, sobre todo, la necesidad de la eliminación del trabajo explotado como forma de vida. Marcuse. Ensayos sobre política y cultura.
Vale […] Con Marcuse, uno se tranquiliza porque se siente comprendido. Pero la tranquilidad no borra la conciencia; el movimiento sindical está luchando con las mismas herramientas de hace 40 años contra las amenazas de nuevos escenarios que están re-inventándose cada día. En honor a la verdad no creo que la patronal ‘local’ entienda tampoco los retos globales que se avecinan y ambos, sindicatos y patronal, tienen de compañero de viaje para la lucha del mantenimiento del estado de bienestar a nosotros, los trabajadores abúlicos, hinchados y cansados. ¡Qué panorama para convocar una huelga! Para los sindicatos, el problema es doble. Por un lado, los representantes sindicales debieran ser tíos que probaran el trabajar de vez en cuando para que comprendieran lo alienante que es. Y es que después de quince años liberados, debe de empezar a ser difícil comprender ciertas cosas; no es su culpa, sería también difícil para Vd. y para mí. Por otro lado, hay que reinventar la teatralización sindical de la huelga, para que se adapte a los nuevos escenarios. Suponiendo que hagan lo que dice la ley ¿Qué pinta un ‘piquete informativo’ dando papeles a la puerta de una fábrica, si resulta que con Internet todo el que quiera estar informado tiene las 19 versiones posibles e incluso puede que un comparador de razones para la huelga de los diferentes sindicatos, para escoger la que se prefiera, al estilo shopzilla o rastreator? ¡Que lo pongan en facebook o en twitter o y ya está, hombre!
Con el movimiento obrero obcecado en parar los autobuses y los trenes de cercanías para representar un escenario en que parezca que el seguimiento de la huelga es mayor del real, sólo se consiguen fotos llamativas y el divertido baile de números, pero oculta la cantidad de gente forzada a coger ese día de vacaciones, trabajar desde casa o a hacer la misma cantidad de trabajo, por el procedimiento de salir desmesuradamente tarde del trabajo el día anterior y el siguiente. Y ¿Cómo afecta la huelga al teletrabajo que debe de estar alrededor del 5% en países como España y Argentina y que va a crecer y mucho? Y es que, yo creo desde este prurito social gadameriano que me invade -¿El Otoño también alterará la sangre?- que hay que cambiar la visión sindical de la huelga general. En medio de la Europa social, dialogante y de guante blanco de la que tan orgullosos están hasta los que no lo confiesan, no tienen cabidas las peleas, los insultos a la puerta de las fábricas (desde luego no quedan creíbles desde algunas bocas, otra cosa es que salieran, por ejemplo, de inmigrantes realmente puteados), las ruedas de camiones rajadas… Todo eso da una visión de civilizados naftalinescos metidos a jugar a niños malos por un día, con el permiso de la regulación de huelga, con que el sistema neutraliza a los descontentos por el procedimiento de asumirlos.
Aquí viene la reflexión respecto a Internet, porque este es un blog de antropología de COMEXT, no de anarco-sindicalismo ¿Cuándo llegará el día en que se perciba que a estas alturas un corte de tres horas de Internet es más civilizado pero a la vez más violento y probablemente más determinante que las lamentables imágenes de autobuses quemados y similares? No es que quiera dar yo ideas a los piquetes, pero hombre, ¡a ver si evolucionamos!
Por muy pacíficas que sean o vayan a ser nuestras manifestaciones, hemos de contar con que se les opone la violencia de las instituciones. Herbert Marcuse.

Leave a Reply