En el principio, el Arte era un estado mental. Después el demonio liberal llamó Arte a las obras para poder venderlas, lo que hizo valer más un calendario de gatitos que el concepto del cubismo –de necios confundir valor y precio, machado dixit-. Así, el significado de lo que es arte, es variable porque lo dicta el mercado y lo que no se puede reificar, no se vende y no vale nada.
Este mercado no sujeto a la ley de escasez, necesitaba crear las corrientes y la crítica se apropió de ellas. Desde entonces viene creando y validando, estos lenguajes de lógica mercantil y clasificatoria que definen marcos comprensibles para las obras de arte. Además de atufar porque se funda sobre el argumento de autoridad, la crítica ha estado siempre cambiando las modas, para ‘ir por delante’ y gozar recordando a los mortales lo tontos que somos, con un doble efecto. Entroniza opciones insustantivas por la necesidad de sacar algo nuevo y espolea al público que, sin ella, seguiría anclado en Altamira por, al 50%, autocomplacencia y vagancia intelectual.
Ahora Internet elevó sobre la oligarquía de la crítica cacique, necesaria descubridora de nuevas formas, a la purria con acceso al bandwith que, pese a quien pese, se decanta por lo que le da la gana. Miles de opiniones –se pueden emitir en entrelectores incluso sin leer el libro o el post en meneame- contribuyen a institucionalizar un veredicto, mucho más presente y eficaz que las propuestas de los críticos. La nueva lógica del mercado, de dar al público exactamente lo que quiera para adormilarle mientras le endiña mensajes publicitarios, puede ahogar la crítica que, en otros momentos, no dejó expresarse a la purria. ¡Al final tendremos que preservar a los críticos de la dictadura de la masa para proteger la sociedad del estancamiento en esquemas manidos y evitar su abotargamiento cultural!

Leave a Reply