La Ciencia, como todas las instituciones humanas deben de tener detrás una legitimación que las sustente, justifique y, si es posible, que dirija sus progresos. En el marco de la edad moderna, para la Ciencia, había dos relatos de legitimación que la llevaban hacia la realización de un proyecto en el futuro. Los dos relatos de legitimación de la Ciencia eran claros, comprensibles y no suponían ninguna dificultad conceptual, eran asumibles para todo el mundo. El primer relato era el llamado de emancipación.

Planteaba la Ciencia como servidora de la sociedad en la construcción del bienestar y la libertad de los pueblos. El segundo relato de legitimación de la ciencia era el especulativo, más filosófico y universitario, según el cual, el destino de la ciencia era exponer el conjunto de conocimientos, investigar y descubrir los principios y fundamentos de todo saber. Ambos parecen juiciosos –el especulativo hasta el teorema de Gödel– y ambos están confortablemente instalados en el imaginario colectivo
Sin embargo, en la sociedad postindustrial o postmoderna, dice Lyotard en ‘la postmodernidad explicada a los niños’, la tecnociencia capitalista ha resultado vencedora sobre los otros candidatos a ser finalidad universal de la historia humana, simulando realizar el proyecto moderno –contenido en los relatos-, pero inhabilitándolo en realidad. La realidad actual es que también la ciencia y sus resultados son mercancía, por lo que la búsqueda que justifica la ciencia es la relación input-output, su beneficio económico. El principio de performatividad (de performance, rendimiento) es la nueva legitimación que choca con el relato de la emancipación de la sociedad, porque solamente libera a quien domina la Ciencia como un recurso productivo más. Del mismo modo cancela la justificación filosófica de la Ciencia como persecutora de la verdad por encima de cualquier consideración, porque el principio de performatividad sacrifica la verdad a la pira de mejorar los resultados. En realidad, la única manera de llegar a la verdad es que esta se encuentre en la misma dirección que maximiza los resultados y el retorno de la inversión.
La continua redefinición de las ciencias, la aparición de instituciones pequeñas con objetivos más especializados y buscando resultados medibles en el corto plazo y la progresiva basculación de la investigación al sector privado –más allá de su oportunidad o no- no es, en mi opinión, tanto por esa erosión de los antiguos principios de que Lyotard habla sino, aún más marcadamente, efecto de la nueva legitimación. El principio de performatividad hace que cada rama de la Ciencia y sus instrumentos se redefinan y poden el árbol de sus prioridades dirigiéndose a metas concretas en el marco de un proceso económico en que hay que dar resultados valorizables mercantilmente y con celeridad. Y es en esa misma lógica donde se enmarca la necesidad de flexibilizar los límites y definiciones de disciplinas e instituciones para adaptarse iterativamente a los cambios de escenario y de metas que ocurren continuamente en la sociedad del conocimiento.
Este post reutiliza partes de un trabajo obligatorio sobre un texto de Lyotard en el máster de comunicación y educación en la red. El libro, ‘la condición postmoderna’, es una pasada muy recomendable de leer aunque, eso sí, te tiene que pillar bien almorzado.

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