Una Brecha… ¿Qué es una brecha?
Una brecha se antoja tanto una grieta como una abertura, una herida o una salida, una laguna o un claro (en el bosque). En cualquier caso, “estar en la brecha” significa todo lo contrario a estar de vacaciones… “Estar en la brecha” representa estar en la delgada línea roja que separa un bando del otro, la vida de la muerte, la derrota o la victoria, el pasado o el futuro. El vocablo brecha viene del francés brèche, con el mismo significado de brecha; a su vez, del antiguo franco breka, el equivalente a rotura; y del germánico breham o brëhhan, del gótico brikan, y finalmente de la raíz indoeuropea bhreg. También se relaciona con el verbo alemán de la misma semilla brechen, del neerlandés breke y acaso del anglo break, como romper.[1] Apareció en el latino español a mediados del siglo XVII como vocablo militar que implicaba el destruir los fortines, mayormente árabes. Un anónimo de 1616 así lo decía: “Díjole al alcalde que para el castillo y hacerle brecha había menester media docena de cañones”.[2]
Podríamos decir que en términos sociológicos la palabra brecha hace referencia a la diferencia que existe entre aquellas comunidades que tienen accesibilidad a internet y aquellas que no, aunque dichas desigualdades pueden hacer referencia al conjunto de nuevas tecnologías de la información y la comunicación (TIC): computadora, banda ancha, telefonía móvil y demás dispositivos. Como tal la brecha digital separa a los grupos según su capacidad para utilizar las TIC de forma eficaz, debido a los niveles distintos de alfabetización, carencias y ciertos problemas de accesibilidad a dicha tecnología, pero también se pone énfasis en la distinción de aquellos grupos que tienen acceso a contenidos digitales de calidad y los que de ninguna manera. Un concepto asociado es la “inclusión digital” (infoinclusión) versus la “exclusión digital” (infoexclusión) para designar los matices de grises designados a los efectos discriminatorios de la brecha digital.
Arqueología de la brecha digital

En 1959 P.F. Drucker[3] describió la emergencia de un nuevo perfil de profesionales en la sociedad postindustrial. Lo denominaría el knowledge worker (trabajadores del conocimiento), sujetos que principalmente trabajarían con información o gestión del conocimiento como empleo. Lo más relevante del tema es que dicha conceptualización ya presagiaba una sociedad en la cual el conocimiento jugaría un papel central en las actividades diarias del sector productivo, sobre todo en el sector servicios.
La preocupación por el avance de las nuevas tecnologías volvió a aparecer en 1970, cuando Tichenor, Donohue y Olien hablaban de la “Knowledge Divide” o la knowledge-gap (la fractura del conocimiento o llanamente desniveles de conocimiento),[4] según la cual cada nuevo medio de comunicación incrementaba la división en el uso del sistema social entre los ricos y pobres en información. En otras palabras: “La difusión a gran escala de las comunicaciones de masas se interpreta generalmente como un indicador de modernización, de desarrollo social y cultural, vinculados a movimientos informativos disponibles para la libertad y la equidad”, y sin embargo, todo indica que “los media reproducen y acentúan desigualdades sociales, son instrumentos del incremento de las diferencias, no de una atenuación de ellas, y “hacen surgir nuevas formas de desigualdad y de desarrollo desigual”.[5] La diferencia en la adquisición de información tiene que ver, pues, con dos factores: el poder adquisitivo y el nivel cognitivo, el bolsillo y la competencia, la condición económica y la condición educativa. Dichos niveles se articulan de forma complementaria con el papel de la oferta de productos electrónicos, avisan muchos teóricos. Así, fabricantes y proveedores de aparatos y conexiones a internet, de no poder apuntar a un público universal, apuntarán a los sectores consumidores de tecnología. De ese modo, la gap entre los unos y los otros —info-ricos e info-pobres— crecerá.[6] Para otros investigadores más optimistas, no obstante, la red provocará con el transcurso de los años una democratización social: “Las fuerzas que determinan la difusión del uso de la computación no es social ni racial ni económica, sino generacional”.[7] Es decir, que los pobres y los ricos son tanto jóvenes como viejos… pese a que, añadirá Castells no sin cierto sentido común, que hay territorios que “antes de pasar a la electrónica necesitan un suministro fiable de electricidad”.[8] Cabe recordar que hay más líneas telefónicas en Manhattan o en Tokio que en toda África subsahariana.
Pretéritos cercanos

Ya en 1982 la comisión Maitland publicaba El eslabón perdido, un documento que ponía de manifiesto las conclusiones sobre la carencia de infraestructuras de telecomunicaciones en los países en vías de desarrollo, y se puso como ejemplo el teléfono. Algunas referencias citan a Simon Moores como acuñador del vocablo, otras a Lloyd Morrisett como el primero que lo utilizó para poner de relieve la fractura que podía producirse en Estados Unidos entre los conectados y los no conectados si no se superaban serias diferencias entre territorios, razas o etnias, clases y géneros, mediante inversiones públicas en infraestructuras y ayudas a la educación. Digital Divide (o Digital Gap) fue el término exacto que utilizó la Administración Clinton-Gore para analizar dicho desfase, fractura o rotura en el conocimiento y el acceso a dicho conocimiento o comunicación. A finales de 1995 publicaron una serie de reportes bajo el título común Falling through the Net. A survey of the ‘Have Nots’ in Rural and Urban American, en los cuales se dejaba constancia del estado que este fenómeno aguardaba a la sociedad norteamericana y se quería concienciar sobre todo a los responsables políticos de la importancia del acceso a internet y de la existencia de amplios sectores sociales en riesgo de exclusión social. Cuatro años después fue substituido por el sucedáneo Falling through the Net. New Data on the Digital Divide. Curiosamente en 2001, con Bush hijo ya en el poder, la Administración Nacional de Telecomunicaciones e Información de los Estados Unidos (NTIA) lanzó un quinto reporte, A Nation Online. How Americans Are Expanding Their Use of Internet, en donde se asumía que el problema estaba de alguna manera zanjado.
Al principio en español se tradujo como fractura digital o estratificación digital —incluso divisoria digital,[9] brecha inforcomunicacional[10] y abismo digital[11]— por ser mucho más expresivos sobre lo que significa realmente (también en francés), aunque en la mayoría del vocabulario de los investigadores hispanos aparece el de brecha, más suave quizá y parece que más correcto políticamente, haciendo hincapié en cierto analfabetismo digital o escasa habilidad o competencia de un gran sector de la población, especialmente entre aquellos nacidos antes de la década de 1960, para manejar las herramientas tecnológicas y cuyo acceso a los servicios de internet flaquea.[12] La brecha digital ha acabado siendo, en resumen, un reflejo del desarrollo humano entendido mucho más allá del crecimiento económico: como ese “entorno en el que las personas puedan hacer plenamente realidad sus posibilidades y vivir en forma productiva y creadora de acuerdo con sus necesidades e intereses”.[13] Esas cuestiones fueron abordadas hacia 1996 desde una aproximación sistémica por Herbert Schiller[14] y William Wresh[15] de manera general, autores que se planteaban la necesidad de incluir a todos los sectores de la población en lo que se refiere a acceso a la información disponible a través de las nuevas tecnologías que estaban apareciendo en un escenario más o menos global.

Brecha digital, alfabetización y desigualdad social
Más o menos es en esta época que nacieron los primeros términos como tales sobre las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC). No podemos obviar la digital divide de Tapscott[16] o los inmigrantes y nativos digitales de Prensky,[17] y sucedáneos.[18] Por lo general de lo que se trataba era de etiquetar a dos grandes procesos, a saber: la alfabetización digital —o cyberalfabetización—y la sensibilización electrónica.[19] Por un lado, el desarrollo de destrezas para el uso de las tecnologías, aquellas habilidades para orientarse satisfactoriamente en la red, aquellas que ayudarán a descubrir, usar y evaluar las fuentes de información. Por el otro, la educación de los usuarios, los incentivos para el estímulo adaptativo a nuevos procesos y articulaciones.
Poco a poco la Digital Divide se convertiría en un elemento clave de desigualdad en las sociedades contemporáneas sometidas a un fuerte proceso de dualización: existen los trabajadores mejor calificados y retribuidos y otros con tareas precarias y mal pagados, demostrandoi una vez más, en palabras del filósofo Alain de Botton, que “el ascensor social está estropeado”.[20] ¿Es cada vez mayor la distancia entre unos y otros? ¿Hay ciudadanos de primera y ciudadanos de segunda? ¿Se multiplican así los riesgos de exclusión social? Se trata de un fenómeno estructural que parece ir en aumento y que tiene un matiz multidimensional, pero, y ahí va lo más importante… ¿Se trata de que las nuevas generaciones posean un saber nuevo? ¿Se abre un abismo entre quienes saben y quienes no saben?
Este post forma parte de una serie de dos en los que Xawy nos explica el estado del arte y los trends de la brecha digital. Tanto Xawy, como Nuria LLopis, esta vez hablando de crowdfunding, han propuesto por amor a la participación en Internet estas reflexiones. Xawy y Nuria son, además de lo que academicamente puede denominarse un expertos en el área, unos activistas de la participación en la red.Estos posts tienen sentido como parte de una iniciativa para sacar la reflexión a la red, desarollada en la asignatura Educación y Comunciación en la Red, del máster de Educación y Comunicación en el Ciberespacio, de la UNED. Sientete libre de participar aportando tu reflexión sobre los interogantes que quedan abiertos, expresar tu opinión, criticar, apostillar, completar o incluso preguntar sobre este post… Se trata de establecer un diálogo horizontal que nos sirva a cada unx para construir conocimiento. ¡Ojo! Tanto si eres alumno del máster como ajenx ¡Eres bienvenidx a la construcción de conocimiento!Si quieres tener un mensaje en tu email cuando lleguen los nuevos posts de la serie de Xawy y Nuria, puedes suscribirte a comunciacionextendida:
Bibliografía
[1] Véanse las más de 15 acepciones distribuidas en el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española [En línea] http://lema.rae.es/drae/?val=brecha. En geología se considera brecha a una masa rocosa consistente de fragmentos de rocas de distintos tamaños y formas, una roca sedimentaria detrítica, se le llama, porque simbólicamente representa el resquicio por donde algo comienza a perder su certeza o seguridad. En el sistema paleontólogo, la brecha de Romer es el ejemplo de brecha en el registro fósil. En el campo de la geografía existe la brecha de Rolando, una formación determinada del Monte Perdido, aunque también es una población en el estado mexicano de Sinaloa e incluso una calle de Montevideo conserva ese nombre como evocación de un episodio de las Invesiones Inglesas. Brecha (2009) también es una película española del director Iván Noel, o un semanario político cultural uruguayo de 1985. La brecha es una famosa novela feminista nacida de la inspiración de Mercedes Valdivieso en 1961, y el primer cuento publicado del ensayista salvadoreño Manuel A. Cerón Mejía tiene por título La brecha en el jardín (2009). En política también existe la brecha de los bombarderos y la brecha de los misiles, dos conceptos militares parecidos de la época de la Guerra Fría: 1)la infundada creencia estadounidense de que la URSS durante la década de los 50 estaba tomando ventaja en el número de navíos de guerra estratégicos armados de bombas nucleares, y 2)la infundada de nuevo percepción norteamericana durante la década de 1960 del número de ojivas (warheads) o cabezas nucleares de mediano y largo alcance.


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