
El otro día estuve comiendo con Roberto Aparici, que además de ser un genio muy inspirador en educación es un as eligiendo restaurantes. Y en un momento de la conversación que caminaba como habitualmente; divertida y a saltos variados, transversales y largos me preguntó que qué opinaba de los MOOC en general y en particular de los de la UNED. Bueno, de los COMA.
Para no tenerme que explicar a posteriori, 2 cosas. La primera, lo que sigue es mi opinión, no la de Roberto. La segunda que mi crítica es a la capacidad disruptiva de estos COMA, no a su calidad -que conociendo alguna de las personas que han participado en el proyecto y la línea inmaculada de su trabajo no me plantea duda alguna-
Yo no sé nada de los MOOC de la UNED.
Nunca hice ninguno y no me ha sido fácil recuperar información de su celebración, ya que la página unedcoma.es sólo muestra un escueto mensaje “estamos trabajando… informaremos…gracias por su interés”. Sí que he conseguido leer en otra página el listado de MOOCs ofrecidos (más de 20 en su última edición) y que te puedes unir a las 250000 personas que ya los ha probado.
De aquí ya podemos tener dos orientaciones importantes, extensibles al global de los MOOC.
- Simplificando, podría decirse que hay dos tipos de MOOC o, mejor, de usuarios de los MOOC, a saber, los que se aprenden por el gusto de aprender y los que se aprenden para lograr un credencial que te franquee el paso a un trabajo. (Hay MOOC cuyo contenido tiendan a afiliar estudiantes de uno u otro tipo en prioridad, como Greek and Roman Mythology o Listening World Music, de Penn University en Coursera, en un lado o Data Wrangling con MongoDB de Udacity en el otro)
- Las cifras de personas que siguieron un MOOC son aviesas. Esto no es exclusivo de los de la UNED. Están hinchadas porque incluyen a los que tenían curiosidad, se dieron de alta y luego no llegaron ni a mirar el temario. La Wikipedia, o sea quien sea el que está detrás de esta afirmación dice: “In the course Bioelectricity, Fall 2012 at Duke University, 12,725 students enrolled, but only 7,761 ever watched a video, 3,658 attempted a quiz, 345 attempted the final exam, and 313 passed, earning a certificate”. O sea, que menos del 3% de los alumnos intentaron realmente aprender lo que decía el MOOC. Como no tengo datos de la UNED, tomo el 3% como bueno… Incluso estoy dispuesto a subir al 4%, según lo que dice Penn University (http://www.gse.upenn.edu/pdf/ahead/perna_ruby_boruch_moocs_dec2013.pdf). Pero ahí me quedo. Utilizar el número de lo que se denominaría ‘fracaso escolar’ para engrosar la cantidad de alumnos de un curso como argumento justificativo de su calidad no es una falacia. No. Son dos falacias encadenadas.
Tampoco sé mucho de los MOOC en general
Y es que sólo he ojeado unos pocos y concluido dos en su modalidad ‘de pago’, uno en Udacity y uno en Coursera… aunque bien mirado

me temo que puede que eso me haga un verdadero experto frente a una buena cantidad de voces que hablan de MOOC. Y esto es inaceptable. ¿Pero de todos modos quién podría ser experto en MOOC si hasta la omnisciente Wikipedia -odio citarla- dixit, cada letra de la definición de MOOC es borrosa, difusa? Open, por ejemplo, ¿significa que los contenidos son abiertos o que lo es la inscripción? ¿Significa que es gratis o que es a ‘precios populares’?
De todos modos, el único experto reconocido en MOOC al que he tenido oportunidad de escuchar, Burbules, decía que ni eran el futuro –sino una opción más-, ni suponía una innovación pedagógica, ni tenían un adecuado modelo de negocio que asegurara su perennidad. Bueno… al menos eso le entendí yo, porque hablaba inglés y claro… NO me he hecho el COMA de inglés con 1000 palabras.
Entonces los MOOC… ¿Son disruptivos o no?
Pues después de confesarme desconocedor, tocado por el dedo de la ignorancia madre del atrevimiento, envestido de audacia, digo que no. Ni de coña. Son como las asignaturas de la UNED de toda la vida, con pequeñas modificaciones que son más de estética que de fondo y de construcción publicitaria y que, desde luego, no lo son pedagógicas (lo que SÍ tendría potencial emancipador-disruptivo). Vale, son gratis. Pero lamentablemente el conocimiento –y admitiendo la dudable afirmación de que los MOOCs en general sean una fuente privilegiada de éste- se ha devaluado por su sobreabundancia (http://www.youtube.com/watch?v=5TgXaaHPhAs). Lo que vale dinero en el tinglado del sistema educativo son los credenciales, justo lo que tienes que pagar en los MOOC… así que nada nuevo bajo el sol.
¿Entonces para qué hace la UNED MOOCs? Hubiera sido más sencillo liberar el acceso a algunas asignaturas, ¿No?… Pues no lo sé por qué los hace. Pero me informo.
Ah! Mi visión personal de las tremendas innovaciones axiales de los MOOC, tales que el learn by doing, los proyectos en sustitución del examen, los coach personalizados, el peer assesment, la gratuidad, la disponibilidad de los materiales en abierto, la comunidad de aprendizaje, el superconectivismo personalizado, el estudio ‘a tu ritmo’… pues la voy a ir desgranando en las próximas semanas.










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