Hubo una generación en que mantuvimos la ilusión en que estudiando podríamos trascender de la cuasi-

omnímoda clase media española de medio pelo, mediante la adquisición de un buen puesto de trabajo ‘de lo nuestro’, como dicen las madres. Esto se debió a una generosa política educativa a finales del sXX que bajó el esfuerzo económico necesario para el acceso a la universidad, extendiendo a porcentajes no vistos en otros países el acceso a la educación universitaria. Al principio esto funcionó, porque el crecimiento económico permitió un aumento de los puestos de trabajo de cuello blanco sin precedentes, que absorbía gran parte de esta oferta de universitarios ultrapreparados. Sin embargo, una vez cubiertas las necesidades de estos empleos –y más con la actual crisis- nos encontramos con que se están titulando muchos más universitarios de los necesarios. Claro.
- La crisis está en lo peor. Pero además no parece que cuando la crisis acabe vayamos a llegar al prometido paraíso liberal en que todas las deslocalizaciones de puestos de trabajo de operarios del sector industrial se vayan a convertir por arte de magia y del omnipotente mercado en puestos de trabajo de altísima exigencia de cualificación. Ni me detengo, porque esto es tan sólo un cuento[1].
- Que la oferta universitaria sigue in-crescendo, bajando incluso la exigencia económica para realizar una carrera (¡Ojo! Sin por ello bajar necesariamente la calidad de la enseñanza), a través de la creación de universidades virtuales (además de la UNED y la UOC, podemos citar la UNIR o la UNICYL –si finalmente la dejan llamarse así-).
¿A qué lleva esto? En primer lugar a una sobreoferta de educación… o más exactamente, y aquí está el quiz de la cuestión, de títulos -de credenciales- que ya existía y que llevan al paroxismo las universidades on-line. Este exceso de títulos en el mercado ha acabado por generar una inflación de credenciales. ¿Inflación de credenciales? Sí. ‘La educación es cada vez más costosa y promete menos recompensas para niveles dados de credenciales’[2]. Es lo que hace que un título de ingeniero, por ejemplo, ya no valga lo que valía a principios de los noventa como llave de acceso al mercado laboral. Perfecto. Pues dígame ¿Qué es lo que viene a valer lo mismo que un título de los de antes? Se lo digo: los máster o, como con Bolonia y la incorporación tardía de los jóvenes al trabajo ya los va a tener todo el mundo, los doctorados que, ¡cagaté! ya están comenzando a pedirse para puestos de trabajo ‘normales’, no de investigación. Y se lo digo: no todos los títulos van a valer lo mismo, habrá entidades expedidoras de credenciales cuyos títulos valgan más que las de otras (por ejemplo no es lo mismo hacer un MBA en el IE u otra del top ten que en uno de los otros 200 sitios que lo ofertan en Madrid) o incluso habrá empresas que te harán sacar su título –pagando, claro- para incorporarte a la plantilla. Y esto si que es redondo: como empresa te selecciono por los títulos que tengas, pero como no tienen conocimiento detrás, sino que son un mero credencial, te cobro las clases para aprender lo que yo quiero que sepas y luego, si veo que lo has aprendido, te contrato. ¿Qué esto no puede pasar? Échele un ojo, por poner un solo ejemplo, al Máster de Banca y Mercados Financieros del Banco de Santander.
Bien. Con la proliferación de las universidades online que ofrecen titulaciones a precios que permiten el acceso

generalizado a estas, forzosamente tiene que haber una ‘mejor’. Ésta ofrecería a precios asequibles una educación de calidad que asegure que su título sea de valía. La salida de quien quiera ‘subir de clase social’ sería prepararse bien los exámenes de acceso a esa universidad.
¡Ahí está la trampa! Hasta ahora yo no había hablado de educación en ningún momento. Por buenas que sean las universidades online, lo único que van a hacer es incrementar el escenario de inflación de credenciales. Lo explico. Si resulta que lo que se estudia en la universidad en su amplísima mayoría no es útil para el trabajo para el que se contrata (aún siendo de un campo afín a lo estudiado) ¿Para qué vale lo estudiado? Y aún más -¡NO es lo mismo ni equivalente! ¿Para que vale la credencial? Pues es sencillo. Lo estudiado no vale para nada. Y, lo mismo le parece a Vd. una cospiranoia, pero le aseguro que no me lo he inventado yo: las credenciales educativas son un medio de garantizar la perpetuación de la clasificación social. Queridos amigos: el máster del IE mientras siga costando 10 millones de pelas, va a ser el más apreciado por los reclutadores y modo más efectivo de quitar ese aprecio sería simplemente haciéndolo gratuito y de acceso general, aunque se pusieran mejores profesores y medios aún. Si quiere se lee Vd. el libro de Collins ‘La sociedad credencialista’, pero si no tiene tiempo de leerse sus numerosos ejemplos basados sobretodo en los EEUU, vayamos a la página 228, donde dice
‘El empleo del sistema educativo como base de un medio arbitrario de dominación significa que este sufre una creciente contradicción interna en la conciencia de sus usuarios’.
La solución entonces la dio Mario Conde en un programa que tiene en Intereconomía en el que adoctrina a unos jovencitos Frankensteins que están puestos para repetir todo lo que el maestro dice: como el catecismo del padre Astete. Va el tío y dice que hay demasiados universitarios y la gente tendría que darse cuenta que es mejor estudiar FP. A este tío que va de oráculo y lo único que ha demostrado es saber robar, vestirse bien y echarse morro a la vida –que no es poco-, le diría tres cosas. Una que el fenómeno de la inflación del título es global y del mismo modo que se llega a pedir un doctor para ciertos puestos de responsabilidad en una empresa, se puede pedir un ingeniero para una línea de producción (con la nuevas organizaciones responsabilizantes de las fábricas en que los operarios son cada vez más supervisores y unos tomadores de decisiones de primera instancia, llegará el caso no tardando). La segunda, que mande a sus hijos a hacer FP si quiere hacer probaturas ¿O es que está pensando sólo en los demás? La tercera, que seguiré viendo de vez en cuando este programa para ver si algún día se le cae la jeta al suelo de vergüenza en directo, aunque… sin mucha esperanza.
[1] Para los interesados, Tezanos tiene una recopilación de artículos fabulosa. (Los impactos de la revolución científico tecnológica) Ed. Sistema
[2] Collins, pág 217

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